Publicado: 8 de Mayo de 2017


No siempre es posible poner a prueba a los coches autónomos en el mundo real, de ahí que se confíe en el mundo virtual de un videojuego

Aunque la saga Grand Theft Auto no tiene la mejor fama entre cierta gente que considera su violencia perjudicial para la juventud, que su última entrega, GTA V, se utilice para educar a coches autónomos quizá les parezca un mejor uso de la simulación de vida y situaciones de conducción que propone.

El procedimiento es sencillo de explicar, aunque en el fondo hay una maquinaria complejísima y un montón de horas de trabajo a espaldas de gente con mucho talento. Los coches se meten dentro del juego y sus desarrolladores los ponen a prueba para ver, por ejemplo, cómo responden ante cambios de carril de tres coches del juego que van a alta velocidad. Una vez superan la simulación, hacen la misma prueba en el mundo real.

Según varios investigadores, resulta que sólo utilizar datos de pruebas sobre el terreno no es suficiente ni del todo fiable y que gracias a las simulaciones, sean con Grand Theft Auto o con otros programas, se pueden hacer experimentos todas las veces que hagan falta.

Hay que agradecer, pues, que los videojuegos hayan alcanzado tal grado de realismo, tanto en su aspecto como en su funcionamiento interno, pues los datos generados en estas pruebas son casi idénticos a las que se hacen en situaciones reales y hacen que la tecnología avance más rápido.